demasiado humano
Esa mañana Max recibió un mensaje
en su celular, era un citatorio del Ministerio de Bienestar. Se sintió nervioso, nada bueno
podía esperar de un sitio controlado por robots. Se contaban historias sobre
personas que habían sido citadas a ese edificio y nunca habían vuelto. El texto
decía que debía dirigirse de inmediato a las oficinas del Ministerio. Se levantó,
se puso una camisa, su saco y se limpió el rostro con un pañuelo húmedo, se
miró al espejo, no quería ser amonestado por su apariencia.
Bajo por el ascensor de su
departamento, salió a la calle, tomó un taxi sin chofer que lo condujo hasta
las oficinas. Desde lejos el edificio se elevaba imponente, un gran
cubo de cristal rodeado de una barda alta y dos guardias modelo A100 a la
puerta. El auto se detuvo, su saldo expiro, el importe de este viaje será
cargado en su próximo sueldo. Miró a los guardias y sintió temor, no parecían ser robots, eran casi
humanos. Bajó del taxi y enseguida fue conducido por los guardias dentro del
recinto, era un laberinto de pasillos con paredes de cristal rodeando un gran
patio interior, al final en una estancia una gran fila de personas esperaba su
turno.
Una vez en la fila, escucho a lo lejos algo que lo dejo muy intranquilo, parecían disparos. Los habían traído para desaparecer los, pensó. Quiso discimular, pero no pudo. Empezó a sentir ansiedad, se sentía acorralado. No había sido buena idea venir aquí
Cerró sus ojos y quiso rezar, pero no sabía cómo, nunca lo había hecho. Se imaginó en un sitio lejano. Lleno
de miedo decidió abandonar el lugar. Salió de la fila, caminó hacia la salida. Ya casi la alcanzaba cuando un
guardia lo miró, llegó al corredor y camino más aprisa, el guardia le gritó que
regresara, siguió avanzando, entonces sonó una sirena, empezó a correr en ese
laberinto, en una vuelta encontró de frente a dos guardias, dio vuelta y salió
disparado en otra dirección, estaba perdido, escucho disparos que rompían las
paredes, sintió un tiro en su pierna y uno más en la espalda, ahora corría por
su vida, llegó a un pasillo sin salida, sin pensarlo se estrelló en la pared y
esta estalló en cientos de cristales.
Por unos minutos Max quedo inmóvil
en el suelo, su rostro lucía sereno con apenas unos rasguños por los cristales,
abrió los ojos, era increíble que siguiera vivo, no sentía dolor, tampoco había
sangre, un guardia lo observada, llévenlo con los demás, vamos a tener que citar
a todos para desconectarlos, este modelo tiene el problema de sentirse
demasiado humano.
Muy buena historia corta
ResponderEliminar