Mendoza


Era un pequeño país ubicado en Sudamérica, democrático, republicano e hijo de Bolívar. Gobernado por Mendoza, un cacique que aunque elegido por votación, compitió contra sí mismo pues nunca tuvo adversario en las elecciones.


Era Mendoza un tirano, dictador, y un bufón de las potencias extranjeras, un títere de los empresarios y la burla de la opinión pública. Era causante de todos los males que aquejaban al país: de la subida del dólar, de la mala cosecha de café, de que ya no llegaran automóviles de Europa, del bloqueo económico, y también, porque no, de que la selección nacional de futbol no calificara para el mundial.

En medio del desánimo y la falta de esperanza, los ciudadanos de ese pequeño país, pacifico desde siempre, decidieron levantarse y luchar contra el tirano, derrocarlo. Convocaron a una marcha un día antes del día de la independencia, como punto de encuentro fijaron la catedral donde el mismo obispo les ofició una misa y les dió la bendición, eran más de diez mil inconformes, aunque hay quienes dicen que vieron muchos más. Salieron de la catedral y caminaron por la Primera hasta llegar a la avenida Cinco y de ahí hasta Palacio de Gobierno, hacía calor y la marcha era lenta, los jóvenes ayudaban a los más viejos mientras las mujeres iban marchando contándose los chismes del vecindario.

Poco antes del anochecer llegaron al Palacio de Gobierno, instalaron en la Plaza de la República, se acomodaron donde pudieron, un orador dijo unas palabras, pocos las entendieron, todos aplaudieron. Era una hermosa tarde de septiembre, corría viento fresco, nunca antes tantas personas en aquel pequeño país se habían reunido para algo en común, cantemos grito un joven, yo traigo una guitarra dijo otro,  empezaron a cantar, diez mil almas cantaban, los guardias de palacio también empezaron a cantar, algunas mujeres preparaban comida y todo aquello era una fiesta,  alguien saco una botella de ron, otra más por allá, esto duró hasta poco antes del amanecer.

Ya de mañana y con los primeros rayos del sol la gente se empezó a marchar, se les olvidó el propósito que los había llevado ahí, había empleados barriendo la calle, era una mañana hermosa con mucha luz y los arboles de la india adornaban la avenida. Aún no se habían ido todos cuando llego la banda de guerra y entono el himno nacional, era el día de la independencia, el presidente Mendoza salió en traje de gala y encabezó el desfile, al paso de este la gente lo saludó, orgullosa y unida a su bandera y a su presidente.

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