Chuyita
Ana era una mujer ya en sus cincuenta años, tenia la piel blanca y los ojos claros, vivia en una de las zonas mas ricas de la Paz, hija unica de padre militar y de madre ama de casa y muy devota de la virgen de guadalupe, nunca se caso. Vivia sola en una casa con patios de mosaico, helechos verdes que colgaban de las paredes y una mesa de herreria pintada de blanco en el jardin. La acompañaba y cuidaba Chuyita, que era su nana y habia sido la nana de su madre, era Chuyita una mujer de edad indefinible, de espalda encorvada por los años cubierta con una chalina de lino negra, de piel oscura y rasgos indigenas, de cabello de trenzas negras y grises por los años.
La rutina de Ana, levantarse, nunca hacia su cama como desde niña, entrar al baño y tomar una ducha. Cuando salia de bañarse su nana ya le tenia su ropa lista y planchada, se tomaba su tiempo para arreglarse, no tenia prisa, hacia un par de años que ya no trabajaba, habia sido burocrata, pero desde que renuncio ya no se habia propuesto volver a hacerlo, ademas su enfermedad y sus citas con el doctor Serrano le ocupaban todo su tiempo, al bajar las escaleras su nana ya le habia preparado su desayuno, ese dia un par de huevos fritos con frijol y jitomate y jugo de naranja. Ya te dije que no puedo tomar jugo de naranja Chuyita, pero no entiendes. Aun asi, bebió, estaba delicioso, no dijo nada. Porque traes esa bolsa Chuyita, ya te dije que no quiero que traigas esas brujerias a la casa. Se referia a una bolsa de mandado que a diario Chuyita traia del mercado con hierbas y velas. Entonces se levantaba, iba al baño, se arreglaba un poco el cabello, tomaba su bolsa, se aseguraba que trajera su monedero. Chuyita, ire con el doctor Serrano, te encargo que hoy hagas pollo, y por el amor de Dios, deshaste de esas hierbas y brujerias, no las quiero ver.
Cuando regreso era tarde, no quiso comer a pesar que Chuyita le insistio, se sento en el sofa y se quedo dormida, desperto con fiebre, se levanto y se fue a acostar a su habitacion, durmio mal, cuando abrio los ojos era de noche, la ventana de su habitacion daba al patio trasero y se alcanzaba a ver entre la oscuridad los arboles del jardin, se sentia muy mal, el doctor Serrano le habia dado una medicina que seguramente no la habia caido, tenia la boca seca, quiso hablarle a Chuyita pero un ataque de tos se lo impidio, sentia que le faltaba el aire, de repente un fuerte viento abrio las ventanas y con el viento entraron a la habitacion cientos de aves con ruido ensordecedor, en ese momento se abrio la puerta y por esta entro Chuyita, traia su chal negro cubriendole la cabeza, y en la mano un puño de hierbas a medio quemar olorosas a ruda y albahaca, las agitaba suave en todas direcciones, mientras las aves se posaban en la cama junto a Ana, poco despues las aves se fueron y mientras salian una luz las iluminaba, en medio del delirio y la fiebre Ana vio que Chuyita no estaba tocando el suelo, quizo sorprenderse, pero estaba tan debil que cayo dormida.
Por la mañana abrio los ojos, ya sin fiebre, hacia mucho no se sentia tan bien, se levanto, se dio una ducha, bajo a la cocina y Chuyita estaba cocinando el desayuno, entro y mirando la bolsa que Chuyita siempre tenia a sus pies le dijo, Chuyita, ya te he dicho que me tires esa bolsa, esta llena de hierbas y brujerias, pero no entiendes.
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