Señorita O´Farril
Eran las dieciocho horas de un viernes veintitrés de abril,
cuando a la cuarta comandancia del Esterito se presento la hoy occisa Clarita O’Farril
hija del millonario empresario Jorge O’Farril. Se presento la señorita O’Farril,
afectada de sus nervios, para levantar una denuncia contra quien resulte
responsable por el delito de amenazas, presentando para ello mensajes en hojas
de papel bond y con recortes de periódico en estas, donde se refieren a la susodicha
señorita O’Farril como la loca de los gatos y efectivamente se le amenaza de
muerte de no dejar la ciudad a la más absoluta inmediatez.
Al día siguiente me dirigí al domicilio de la señorita O’Farril
en calle Albatros 315 donde al estacionarme en el domicilio un vecino de la
señorita O’Farril me abordo y en voz alta y gritándome me ordeno que no me
estacionara en su espacio, menos aun si iba yo con la que el llamo, la loca de
los gatos. Ya en el domicilio de la señorita O’Farril pude constatar que ella vivía
con su sirvienta, una mujer de unos treinta años y con un viejo jardinero que parecía
malhumorado cuando llegue. Espere en el vestíbulo y apareció la señorita O’Farril,
me presente, le dije que estaría yo, en calidad de detective de investigaciones
del quinto distrito, con la única finalidad de custodiarla y cuidar de su
seguridad, la señorita O’Farril le dio indicaciones a su sirvienta para que me
diera todo lo necesario, así que la sirvienta me dio una manta y me dijo que podía
permanecer en uno de los sillones del vestíbulo, asi lo hice y así paso la
noche, descanse como pude en el sillón y tomando café que la sirvienta me había
preparado, al amanecer avise a la sirvienta y salí del domicilio abordando la
patrulla, maneje y al llegar a la comandancia la secretaria me dijo que mi jefe
el comandante me quería ver, fui a su oficina para enterarme que acababan de
matar a la señorita O’Farril, regrese de inmediato al domicilio, al llegar ya habían
llegado los forenses, me encontré ahí con una escena terrible, la señorita O’Farril
yacía en la sala de su casa, tenia un golpe en la región occipital, que bien podía
haber sido hecha con una pala de jardinero, en el piso había tierra negra de jardín,
se levanto el cuerpo y se lo llevaron para análisis de laboratorio, buscamos la
pala, pero esta no apareció. De inmediato le notifique al jardinero de la casa
que quedaba detenido en calidad de presunto sospechoso, le coloque las esposas,
lo subí a la patrulla y así salimos hacia la comandancia, mientras una
ambulancia salía con el cuerpo de la señorita O’Farril para los análisis correspondientes.
Pase la noche en la comandancia, era un caso resuelto, el
asesino estaba detenido, no había huido y se había mostrado cooperador de la
justicia, amaneció y el juez calificador tomo mi declaración del caso. Deje la
comandancia y me dirigí a descansar, en aquel entonces vivía yo en el hotel Buganvilias,
llegue a la recepción y el mozo me llamo para decirme que tenia yo un mensaje, decía,
la sirvienta ha muerto. Regrese de inmediato a mi patrulla y conduje al
domicilio, al llegar vi que el vecino me veía atentamente, e estacione justo a
un lado de su camioneta, el vecino siguió mis pasos hasta que me introduje en
el domicilio, esta vez no había nadie, ninguna patrulla, toque el timbre pero
nadie respondió, forcé la puerta y entre. En la cocina la sirvienta yacía boca
abajo con un golpe en la región occipital, hecha esta herida con lo que presumí
seria una pala de jardinero, de inmediato llame a la comandancia, pregunte al
guardia de piso, fue a verificar, en efecto, el jardinero seguía ahí, no había salido
en toda la noche, pedí refuerzos, paramédicos y forenses, en diez minutos
aquello era un laboratorio de criminalística. Salía a la calle a encender un cigarrillo, por el
rabillo del ojo pude ver que me observaban desde la ventana del vecino,
entonces me recargue en su camioneta, quise ver lo que había adentro, los
cristales oscuros me lo impedían. Entonces tome un trapo, mire a ambos lados y
con un puñetazo rompí el cristal, ahí estaba la pala, tenía tierra roja y
pequeñas manchas de lo que parecía ser sangre, de inmediato llame a los refuerzos
y fue así como ese domingo veinticinco de abril a las once horas detuvimos al
asesino de la señorita O’Farril, hija del millonario empresario Jorge O’Farril.
Comentarios
Publicar un comentario