Ana
Esa
noche fueron a bailar, el salón lucia grandes cortinas de terciopelo rojo con
luces de colores, Ana lucia con todos los bailes, salsa, rock, tango, Carlos,
aunque siempre se distinguió por tener dos pies izquierdos, parecía también un
gran bailarín a su lado, era tan sencillo bailar con ella. Ana vestía un
vaporoso vestido corto que hacia lucir sus hermosas piernas y el cual no dudaba
en levantar si el baile y un swing o vuelta lo ameritaban. Celoso, para nada, Carlos
se divertía, sin duda traía a sus mas de cincuenta una de las chicas mas bellas
de la pista, ella, Ana, de apariencia de apenas unos veinticinco años no dejaba
de bailar para gusto y deleite de los asistentes, por un momento Carlos se
sentó, bebía un vaso grande de whiskey con mucho hielo, apuro el trago y se quedo
sentado embelesado por la belleza de Ana que ahora bailaba enfrente de su mesa.
Ya
era tarde cuando se marcharon. Ya en el departamento , ella se cambió y lució
un delicado y transparente juego de ropa interior, piel de durazno y aroma
indefiniblemente erótico, hicieron el amor hasta amanecer, tenían apenas un mes
de conocerse y Carlos dibujaba una sonrisa envidiable entre sus amigos, quienes
a la primer oportunidad no dejaban de preguntar por Ana.
Por
la mañana Carlos se levantó, Ana le dejo listo el desayuno, un par de huevos, café,
jugo de naranja y fruta, casi no platicaron y el se fue a su despacho. Por la
tarde y ya de regreso se encontró con la agradable sorpresa que Ana un hermoso
body blanco y que su piel se había tornado morena bronceada, lo cual la hacia
verse aun mas deseable, tenia servida la mesa, un corte de carne, verduras al
vapor y puré de papa, acompañados por un chardonnay tinto. Carlos no comió,
paso de inmediato al plato fuerte y se fue con Ana a la recamara, hicieron el amor,
dios mío, ella era tan buena, hasta que el se quedo dormido.
Por
la mañana Carlos se despertó, recibió un mensaje de texto, era de su amigo Hector,
su médico, lo leyó, se quedó pensativo por un momento pero, aun acostado, vio
el rostro de Ana que le sonreía, borro el mensaje, ella lo empezó a besar, el
se empezó a desnudar cuando sintió un fuerte dolor en el pecho, Ana lo miro
extrañada sin saber que hacer, Carlos se apretó con ambas manos mientras su
rostro dibujaba una mueca de dolor, de pronto se relajó, abrió las manos y quedo
tendido en la cama, muerto.
Carlos,
se que tu vida desde la muerte de tu esposa no ha sido fácil. Hace mas de un
mes que no te das una vuelta por el consultorio. Como tu medico, pero mas como
tu amigo tengo el deber de advertirte que un enfermo del corazón como tu lo
eres no puede darse el lujo de comprar una mujer robot.
Héctor,
tu amigo.
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