Camino de Clavillina


Hoy es 13 de noviembre, hoy empieza la fiesta de mi pueblo. Desde temprano la música de viento suena cantándole las mañanitas a la virgen de Santa Gertrudis, viene la gente de las rancherías, de santa Inés y del trapiche. Se les escucha cantar desde las cinco de la mañana y entrar a la iglesia apenas abre sus puertas el cuidador. Entran cantando mientras las campanas de bronce redoblan el repique. Así empieza la fiesta.

Recuerdo que cuando niño nos juntábamos la palomilla de niños, de once años en adelante y nos íbamos caminando a Clavillina, un pueblo que queda a un día y medio de camino a pie. Entre cerros íbamos caminando y llegábamos allá amaneciendo. Nos recibían en el pueblo los lugareños y nos indicaban donde podíamos cortar rosa, esas rosas eran las que llevábamos de regreso como ofrenda a la virgen. Nosotros éramos conocidos como los Roseros. Pasábamos en Clavillina todo el día, comíamos tacos de queso con chapulines en tortillas tlayudas, que son tortillas un poco duras pero que no se echan a perder. Acomodábamos nuestras rosas, las amarrábamos bien con hilo de cáñamo para llevarlas a lomo de regreso, bebíamos agua y descansábamos para regresar al pueblo de madrugada.

Apenas al llegar al pueblo la iglesia se iluminaba con la luz del día. Nos recibían con música, íbamos todos cargados de rosas, de inmediato pasábamos a dejar la rosa con la patrona, que es así como también llamábamos a la virgen. Tiraban cuetes al viento y sonaba la música de viento, se tocaban melodías como Dios nunca muere, la zandunga y las mañanitas. Enseguida nos pasaban al comedor de la junta vecinal, que era el comité que durante un año preparaba la fiesta de la virgen. Dos panes dulces o resobados y un tarro de chocolate espumeante de agua, un plato de caldo de gallina y tortillas con salsa era nuestro desayuno, comíamos hasta quedar satisfechos. Nos atendían bien a los roseros.

Hace más de diez años vivo en Encinitas California. Desde entonces no he ido a la fiesta de mi pueblo. Aquí viven paisanos que traen comida del pueblo, tortillas, queso, cecina, tasajo, y hasta se dan la forma de hacer nieve de leche quemada con tuna. Pero lo cierto es que nunca me ha sabido igual la comida. Este año ha habido muchos problemas en los Estados Unidos. Aunque dijeron que se detendrían las deportaciones con el gobierno del presidente Obama, lo cierto es que a un compañero de trabajo lo acaban de deportar a México y sus hijos se quedaron estudiando acá de este lado. Aquí por azares del destino sigo siendo rosero, pues trabajo en una florería que vende solo rosas.

Cuando terminábamos de comer en la junta vecinal nos íbamos todos los niños a bañar, caminábamos por el camino real y nos dirigíamos a donde empezaban las tierras de riego, y ahí en los canales de riego nos bañábamos. Como era época de lluvias, los maizales se veían verdes, sonaban las chicharras, que son unos insectos que hacen ruido con las alas. Entre las milpas se veían las flores de calabaza y por aquí y por allá se miraban brincando los chapulines.

Por la tarde ya bañados y cambiados y algunos hasta estrenando ropa y zapatos, nos íbamos los niños a ver el jaripeo, que es una fiesta con monta de toros y música de banda. Los muchachos se forman para subir a un toro, la gente se pone contenta mientras miran al toro brincando y tirando a los jinetes. Por la noche había toritos, que son hechos de varas de bambú, tienen forma de toros y están forrados de cohetones. Se prende el torito mientras alguien lo toma bailando, luego llega otro valiente a quitarle el torito, se lo quita luego de un forcejeo y sigue bailando mientras los cohetones explotan encima de él, así bailando con música de viento. Al final prenden el castillo, también hecho de varas de bambú, cohetones y luces de colores que iluminan la noche. 

Hoy me desperté. Estaba soñando que iba a recoger rosas a Clavillina. Hace una semana recibí un citatorio de la oficina de migración aquí en Encinitas. Espero que con la llegada de Donald Trump se arregle mi situación migratoria en este país y así poder visitar mi tierra. Le pedí a la virgen de mi pueblo que me conceda poder ir este año a verla y creo que por fin me lo va a conceder.


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