Día de suerte


-         Lupita, te digo que sí se puede ganar el Black Jack
-         Pero son como doscientas cartas
-         Son cuatrocientas
-         Ahí está, como puedes ganar?
-         Solamente tienes que esperar los tréboles, primero sale el siete, de ahí sale el as, después la sota, el caballo y al último el rey. Yo ya vi que siempre salen en ese orden
-         No te creo, pero no niego que me divierte la idea. Oye y el patrón?
-         Ya no tarda en llegar.
Ambos estaban sentados en la banqueta, cuando por la calle se aproximó una camioneta de carga, llego, se estaciono y de ahí bajo el patrón de Sergio, el dueño del taller mecánico. Sergio, el mecánico se aproximó a él, el patrón le dio las llaves y le dio instrucciones, Sergio asintió con la cabeza y se dirigió a abrir el taller. Lupita, la secretaria, recogió las llaves y se pasó directo a la oficina del taller.
Sergio tenia treinta y dos años. Separado de su mujer y con una pequeña niña, a quien no veía debido a una prohibición del juez por violencia doméstica, adicto al juego siempre soñaba con ganar mucho en el casino. Su patrón, le tenía prohibido entrar a la oficina, y le había dado órdenes a Lupita para que no lo dejara entrar, desde que una vez, hacia un año, se habían perdido ocho mil pesos del pago de una reparación de motor y nadie supo donde quedo el dinero.
Hoy es cumpleaños de su niña. Cumple cuatro años y el tenia más de ocho meses sin verla. Recibió un mensaje en su celular, lo reviso, era el servicio del horóscopo: Virgo: hoy es un buen día, recibirás un mensaje inesperado, tu número de suerte es el siete. Siete, siete, no puede ser, ese es mi número, no puedo perder hoy, es un mensaje de Dios, me cae!
Entro a la oficina.
-         Dime Sergio
-         Lupita, pasa que quería ver si me puedes adelantar cuatro mil pesos
-         ¿Qué? Pero si es lunes, y recuerda que al señor le debes más de veinte mil pesos de cuando se enfermó tu hija
-         Precisamente para eso quiero, es que hoy es su cumpleaños
-         Mira pinche Sergio, nomás me entere que andas en el casino, te voy a dar 2000 pesos de tu semana, y te me vas a la chingada a trabajar
-         Hazme el paro con los cuatro mil lupita, no manches
-         Mira cabrón, mejor tómalos o los guardo
-         Esta bueno Lupita
Sergio salió de la oficina, mientras lupita volvía a guardar el dinero en la caja. El back Jack te da dos cartas, por esas pagas cincuenta pesos, si pides juego, pagas otros cincuenta, si haces cambios pagas, si juegas pagas, si quieres ver pagas, cada jugada era de unos doscientos cincuenta pesos, con dos mil pesos no la hacía, el ocupaba esperar el siete de tréboles, ahí venían en escalera las demás cartas, mínimo ocupaba cuatro mil pesos.
Regreso a su taller y siguió reparando un motor. Era un Ford 302, se le había hecho cambio de metales y se había rectificado la cabeza. Limpió bien las piezas con un trapo con poco aceite, en verdad disfrutaba de su trabajo, las piezas nuevas de metal y su sonido le divertían, eran perfectas. En eso estaba cuando Lupita le gritó desde la oficina. Sergio, debo salir, van a venir por el Ford a las cuatro, lo terminas y lo entregas, le dices al dueño que mañana pasamos a cobrarle.
Regresó a su trabajo y terminó de armar el motor. Le puso aceite, conecto el carburador, era un auto fino, de colección, un Ford thunderbird 1984 clásico. Lo encendió, le dio marcha, una vez, dos veces, un zumbido y zas!, estaba encendido. Lo dejo andando mientras se limpiaba las manos. 
-         ¿Quedo bien el carro maestro?
-         ¿Eh? Ah ¿es usted el dueño?
-         Sí. Me lo voy a llevar de una vez, iba a venir hasta las cuatro, pero dije, ya son las tres de la tarde, para que me espero. Sabe, le voy a dejar pagado, me dijo Lupita que eran doce mil pesos.
-         Me dijo que mañana pasaban a cobrarle
-         Sí, pero es mejor que de una vez le pague
-         Pero no va a esperar su recibo
-         No, ya me tengo que ir
-         Déjeme saco el carro y se lo dejo en la calle
-         Está bien maestro, pero apúrese que llevo prisa
Sergio saco el thunderbird del patio de taller a la calle. Lo estacionó, le enderezó la dirección, se bajó del auto, no sin antes limpiar el asiento y recoger el cartón que tenía en los pedales para no manchar la alfombra.
-         Listo patrón
-         Aquí tienes quinientos pesos para ti, suena genial ese motor muchacho, eres un artista.
-         Gracias patrón.
-         Y en este sobre están los doce mil pesos, si quieres contarlos
-         Prefiero darle el sobre a Lupita.
-         Esta bien muchacho, nos vemos
Sergio limpio un poco las manchas de polvo que le quedaban al thunderbird de la puerta y el cofre, y le hizo señas al conductor para que saliera a la avenida.
Antes de entrar al taller de nuevo, fue por la banqueta y hasta la esquina encontró un Oxxo, compro una Tekate roja de litro, unos Marlboro y unas sabritas grandes. Pago con un billete de cien pesos y la señorita le regreso cinco pesos de cambio. Regresó al taller, abrió las papas, destapó la caguama de cerveza y se prendió un cigarro, miro el sobre que le habían dejado y lo puso en su bolsa lateral del pantalón. Ya tenía dos mil quinientos pesos. Podía esperar a su patrón a ver si le prestaba algo. Recordó el cumpleaños de su hija. Ojalá pudiera verla, pensó. Tenía él una orden de restricción por el juez para no acercarse a la niña. Pero quizá si llegaba con dinero, si le podía pagar una fiesta, alberca piñata, carne asada, quizá asi su ex mujer accediera a que el estuviera con ella este dia. Ocupaba más dinero, quizá unos quince mil pesos. Se pusó triste. Pensó que por otro lado traía dinero, dos mil quinientos pesos, que si sabía jugar podría ganar más, quizá mucho más. Además era su día, había llegado sin dinero, ya traía dos mil quinientos pesos y su horóscopo le decía que su número de la suerte era el siete y que recibiría un mensaje inesperado, nada podía salir mal hoy. Se levantó, apuró la cerveza y apagó el cigarro en el suelo. Salió a la calle y tomo un taxi, al casino Fortuna por favor.
Era un edificio alto, en lo más alto el nombre: Fortuna, rodeado de focos pequeños que se movían alrededor. Adentro la noche. Pequeñas luces en el techo, máquinas de colores, alfombra roja en el piso y todo un ambiente de alegría. Los empleados le hablaban como alguien importante. Se dirigió hasta la mesa de Black Jack. Se aproximó una chica con una pequeña minifalda y le pregunto cuanto quería en fichas, quiero dos mil quinientos pesos dijo. La señorita le dio las fichas. Una chica vestida de traje sastre negro y rojo estaba sentada enfrente a él, era el croupier. Le preguntó si quería jugar contra la casa o esperaba más jugadores. Jugaré contra la casa, respondió Sergio.
Pasaban los minutos, empezó haciendo juegos del mínimo, de doscientos cincuenta pesos. No se sentía con buen juego, además el esperaba la carta que ocupaba para ganar, pero esta no llegaba, después de un par de horas había agotado todas sus fichas y no le quedaba nada. Miro el mazo de cartas junto al croupier y ya había bajado a la mitad. Aun no salía su carta el siete, ni el as ni el diez ni el rey de tréboles, estas cartas deberían estar ahí. Deprimido se bajó del sillón en donde estaba. Señor, un mesero lo alcanzó, estos cigarros y esta cerveza son cortesía de la casa. Tom los cigarros y se fumó uno. Era una lástima que se tuviera que ir, se veía todo tan alegre, la gente, las mesas, tomo el vaso de cerveza, este mundo es para los arriesgados pensó. Deme más fichas, dijo Sergio. Cuanto le damos señor. Quiero cinco mil pesos, no, Quiero doce mil quinientos pesos. Se acercó de nuevo el mesero, le acomodó el sillón, le limpió perfectamente su mesa. Otro mesero llegó y le puso un gran plato de carnes frías, y le cambió su vaso de cerveza por una copa donde le sirvió un vaso de cerveza de barril con espuma. Señor ¿está usted cómodo?, le dijo el mesero. Si gracias, ahora estoy muy cómodo dijo Sergio. Se sentó y se dispuso a jugar, quiere usted que vuelva a barajear las cartas señor? Pregunto el croupier. No, quiero que sigamos la misma partida, dijo Sergio. Así será señor, quiere usted esperar nuevos jugadores? No, quiero jugar contra la casa. Como usted diga. Casi no había pasado el tiempo y Sergio ya había terminado su cigarro, entonces se acercó un mesero y le encendió un cigarro más. El aire acondicionado, su silla de cuero con madera y el piso de alfombra lo hacían sentirse importante, los meseros le cambiaban el cenicero y hacían todo lo que él les pedía. 
El tiempo paso sin pensarlo, señor quiere usted jugar? Si, deme cartas, respondió Sergio. Señor, sus fichas. Sergio volteo, no tenía fichas, pero ¿y mis fichas? Preguntó. ¿Dónde están? Señor, ¿quiere usted comprar más fichas? Esta vez ya no se acercó la señorita de minifalda a venderle fichas, en su lugar se acercó un tipo alto, con pinta de guardia y le dijo: señor, si no va a jugar no puede permanecer en esta área. El tipo apartó su copa, levantó su cajetilla de cigarros y le tomó del brazo, primero firme, después lo apretó y lo llevo hasta un lobby justo junto a la entrada. Pero yo traigo dinero, pensó Sergio, toco su pantalón y sintió el sobre del dinero, lo sacó, y si, estaba vacío. Señor: no puedo dejarlo reingresar a casino, de hecho estamos por cerrar, son ya veinte minutos para las cuatro de la mañana. Si en algo puedo servirlo solo hágamelo saber.
Sergio salió a la calle, había taxis, pero no llevaba dinero para pagar uno. Pensó en su niña, sintió su celular en el pantalón, lo saco y miro la pantalla. Vio que tenía un mensaje de su ex: Hola, pensé que te gustaría saber que tu hija te manda saludar, hoy fue su cumpleaños y compramos una pizza de jamón con piña y ella invitó a sus amiguitas del edificio. Me pregunto si vendría su papa. Espero te encuentres bien, cuídate.


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