El Trueque
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Yo me llamo Petra
Arango, nací en Santa Gertrudis, mis papas vivían en Santa Inés, que en ese entonces
era una hacienda, y se vinieron a vivir acá al pueblo, mi papa, José Arango,
era campesino y también rezador, lo contrataban para ir a rezar a los difuntos,
no le pagaban mucho pero le daban su comida, amarillo de res, pan con chocolate
y su marro de mezcal, y mi mama, Celia Ramos, atendía la casa, cuidaba de los
niños y hacia la comida. Fuimos once hermanos.
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¿Cómo era la casa
donde creciste?
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Era de carrizo,
que son unas ramas huecas como el bambú que crecen en el campo, se trenzan y se
van tejiendo para hacer lo que forma las paredes, el techo se hace de basura de
palma, en las esquinas se colocan unos horcones de árbol que sostienen el
techo, la puerta se hace de tablones de madera y así queda la casa, el piso es
de tierra, solo se barre diario bien para que este limpio, la cocina se hace también
con carrizo, se hace una mesa de carrizo y se termina con cemento o con barro
para que aguante el calor, ahí se mete la leña. Así se puede cocinar.
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¿Cómo hacían las
casas?
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Bueno, venia
gente del pueblo y ayudaban a hacer las casas, para el puro techo se ocupaban
veinte hombres, una casa la hacían en tres días, levantaban el techo y usaban
yunta de bueyes para mover los troncos que cargan el techo.
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¿Había escuela?
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Si, bueno, no,
solo había maestra, se llamaba Lupita y ella venia de la ciudad de Oaxaca, se
quedaba en una casa que le conseguían de la presidencia municipal del pueblo, y
varias niñas nos íbamos a quedar con ella en la noche, era muy buena, nos
contaba historias y nos enseñaba a bordar.
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¿Qué historias
aprendiste?
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Pues ninguna, no
me las sé de memoria. Solo teníamos un libro y un cuaderno y ahí hacíamos nuestras
tareas. En la misma casa donde vivía la maestra, ahí era la escuela, tenía un
cuarto de adobe y un patio grande de
tierra, con un árbol de higo en el medio.
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¿Te gustaba ir a
la escuela?
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A mí nunca me
gusto la escuela, me gustaba acompañar a la maestra y aprender a bordar, pero
no era buena para estudiar. Un día estaba yo en la casa, mi mama me pregunto:
bueno tu muchita, ¿que no piensas ir
a la escuela? no tengo cuaderno, mentí. Pues toma un huevo de gallina y vete a
comprar uno, me dijo. En ese entonces se pagaban las cosas con trueque, que es
cuando uno lleva algo a la tienda y te lo toman a cambio de otra mercancía, así
que fui donde estaba el corral y tome de donde las gallinas un huevo y me fui a
la tienda, y ya con mi cuaderno pues tuve que ir a la escuela
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¿Qué cosas podías
comprar en la tienda?
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Pues muchas, había
huaraches, maíz, frijol, arroz, café, sombreros, hilo, tela para bordar, carne
y lo que venden en las tiendas
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¿Y si no llevabas
dinero?
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Podías pagar al
trueque, con maíz, había gente que llevaba un costal, o con frijol, o con
semilla de alfalfa, lo pesaban y se apuntaba lo que había pesado, y se les decía
cuanto crédito tenían, ellos pedían cosas o comida y así llevaban su cuenta.
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¿Y a ti que era
lo que más te gustaba?
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Lo que más me
gustaba era el pan dulce, un día fui por un huevo y me fui a comprar un pan, no
le dije a mi mama. Llegue a la tienda, entregue el huevo y me dijeron: muchita que te vas a llevar, otro
cuaderno? Quiero un pan, les dije, denle un pan a esta muchita, y me dieron el pan. Ya de regreso me encontré un perro en
la calle, siempre me dieron mucho miedo los perros, cuando lo vi tome una
piedra y me la lleve en la mano, el perro estaba echado, de pronto me vio, se levantó
y me empezó a ladrar. Del miedo yo agarre y le avente con lo que traía en la
mano. El perro se quedó callado.
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¿Qué bueno verdad?
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Pues no, porque cuando
me di cuenta, la piedra la tenía aun en la mano. El perro estaba comiéndose mi
pan.
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